4 Herramientas para trabajar remotamente

O cómo virtualizarse sin desaparecer en el intento

Este artículo pertenece a la serie de virtualización, teletrabajo e independencia geográfica.

Empty desk with laptop in modern office

Si hay un aspecto que me apasiona de la revolución digital es la posibilidad que tenemos de generar omnipresencia a través de la tecnología. Gracias a la computación móvil y al abaratamiento de las telecomunicaciones, cada vez hay menos razones para trabajar en una oficina desagradable, en un lugar específico.

Claro, no todos los trabajos pueden ser ejecutados remotamente, pero también es verdad que la mayoría de las veces tu trabajo es producto de una decisión personal.

Independientemente de que decidas trabajar desde tu casa, o irte al otro lado del mundo, la clave está en crear la sensación de que sigues estando allí en la oficina, igual de asequible.

Supongamos entonces que has decidido ensayar el trabajo remoto y has convencido a tu jefe. Para volverte virtual debes apoyarte en ciertas tecnologías que ya conoces, pero quiero invitarte a que exploremos la posibilidad de optimizar su uso:

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El primer paso para encontrar tu pasión

Vincent Van Gogh: Carpintero, 1880 y Mujer de luto, 1882

Mientras investigaba para escribir una guía de admisión en las universidades, Cal Newport recibió un consejo revelador durante una entrevista:

«Necesitas estar expuesta a muchas cosas», me dijo. «Debes exponerte inclusive cuando no sabes si estarás interesada.

Cuando consigas algo que te interesa, persíguelo; fíjate si se te queda.

En otras palabras, descubrir tu pasión requiere dedicarse a la exploración desestructurada. Debes dejar largas secciones de tu agenda libre, para llenarlas con exploraciones de cosas que puedan interesarte.

En The first step is to start, Jason Zimdars nos da un indicio de cuándo comenzar esta exploración: Ahora mismo.

Muchas veces, las razones de por qué no comenzamos algo no tienen que ver con falta de habilidad, materiales, o instalaciones. Los verdaderos obstáculos son la autocrítica y las excusas.

En el libro Drawing on the Right Side of the Brain, Betty Edwards nos recuerda que Van Gogh fue sólo un artista durante los últimos diez años de su vida, y nos muestra una comparación entre uno de los primeros dibujos del artista y otro realizado un par de años después (ver arriba). Van Gogh no comenzó siendo maestro, no fue un niño prodigio. Aprendió trabajando duro, persiguiendo una de sus pasiones.

Nunca es tarde para encontrar tus pasiones, pero siempre es tarde para empezar a buscarlas. Te invito a que dejes a un lado las dudas y explores. Lucha contra la autocrítica, deja de perder el tiempo y comienza una exploración a las fronteras de tus limitaciones autoimpuestas. Al final, la peor crítica, el peor cuestionamiento que podrás hacerte, será aquél al final de tu vida, cuando te preguntes por qué no perseguiste tus pasiones.

Más allá del blogueo | Beyond Blogging

Nathan Hangan y Mike Cliffe Jones recopilaron perfiles y técnicas de más de 15 blogueros profesionales –gente que vive única y exclusivamente de sus blogs– y las publicaron en un tomo de más de 200 páginas llamado Beyond Blogging.

Beyond Blogging parte de una premisa que no resulta tan evidente: el estilo de «constrúyelo y ellos vendrán» no funciona en 2010. Crear un blog con alguna pretensión de ser leído y hacerlo sin un plan de promoción claramente definido, es un despropósito.

Considerando que todos los escritores necesariamente migrarán a la web, me parece que Beyond Blogging es lectura obligada. Sólo los perfiles de bloggers (me vienen a la cabeza los de Chris Brogan, Darren Rowse, iJustine) y el workbook para convertir tu blog en un sitio en el que te paguen por escribir, valen el precio de admisión.

Beyond Blogging se encarga de vendernos algunas ideas poderosas, como por ejemplo que hay un nicho para todos: si existe un tema que te apasiona, la web es la plataforma para conectarte con suficientes lectores como para vivir de eso. Beyond Blogging muestra cómo algunas pasiones que parecen imposibles de rentabilizar (hacer videos gratuitos sobre vinos, viajar por el mundo) se han convertido en maquinas de hacer dinero en menos de tres años. El libro muestra con numerosos ejemplos cómo transformar una de tus pasiones en un negocio de 6 cifras anuales, llevándote de la mano por estos pasos:

  • Encontrar el nicho que alimenta tu pasión.
  • Qué buscar en el diseño de un blog.
  • Cómo crear una marca centrada en tu nombre.
  • Cómo crear y alimentar una tribu de seguidores.
  • Cómo vender tu conocimiento.

Y lo más importante, cómo alcanzar el próximo nivel: ese punto en el que el blog se transforma en un negocio manejado por empleados. Cómo ir, efectivamente, más allá del blogueo.

No sé si hacer $100,000 al año con un blog será posible en castellano (quizás la mitad podría ser más realista). Pero si eres escritor, bien vale ese intento de hacer las cosas en serio y obtener algún tipo de retorno pasivo por lo que haces.

Además, viene con garantía de satisfacción y te devuelven el dinero ¿Qué más se puede pedir?

Puedes conseguirlo aquí

LinkedIn para profesionales

Así como Facebook se ha vuelto nuestro lubricante social por defecto, LinkedIn es el estándar mundial para hacer contactos profesionales. Casi todos mis amigos que han cambiado de trabajo en el último año, han sido contactados para su puesto actual vía LinkedIn.

Sin embargo, todos tienen un perfil vergonzoso en esta red social. Si, estas mismas personas que saben usar computadoras, que han invertido cientos de horas en Facebook, que han resumido todo lo que son en los 160 caracteres que admite el perfil de Twitter, que han entendido la dinámica de las redes sociales, se anuncian ante el mundo laboral con un vago intento de transcribir su curriculum.

Es natural. LinkedIn es una red social de contactos de trabajo. Lógicamente, los perfiles de LinkedIn tienen la estructura y apariencia de una hoja curricular. Así que la primera tentación es vaciar el curriculum en LinkedIn.

Pero la realidad es que tu perfil de LinkedIn es la mejor oportunidad que tienes para anunciarte de manera gratuita. Es una valla publicitaria que puedes colocar en el lugar estratégico por donde pasan todos headhunters. O como prefiero mirarlo yo: una trampajaula de bajo mantenimiento.

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Cómo mercadearte en 15 segundos

Casi todas las cosas «productivas» que he hecho en mi vida (software, libros, sitios web, eventos literarios), han sido resultado de una referencia. Alguien me recomendó, dio mi teléfono o email. En otras palabras, mis esfuerzos de mercadeo son de pobres a nulos.

Por esta razón siempre he creído que hay que atrapar las oportunidades apenas se presentan. Es decir, hay que saber cómo hacer una presentación efectiva y hay que tener preparado un elevator pitch para cada ocasión.

Un elevator pitch es ese mensaje que en unos segundos resume lo que haces y en cómo puedes ayudar a tu interlocutor. Como su nombre lo indica, es una venta que puedes hacer en el tiempo que tarda un viaje en ascensor.

Yo tengo uno para cada compartimiento de mi vida. Y usualmente utilizo etiquetas, atajos que pueden ayudar a mi interlocutor a saber qué es lo que hago. «Desarrollador de software» es la etiqueta que más frecuentemente utilizo. «Escritor», «Editor de una revista digital» son otras.

Pero luego de leer un artículo de Steve Pavlina, me acabo de dar cuenta de que he estado equivocado.

En resumen:

La clave es que los buenos mensajes de mercadeo van más allá de las etiquetas. Tan pronto como alguien te etiqueta y te hace caer en una de las casillas profesionales, le das la oportunidad de descartarte. Se desintoniza y deja de escuchar lo que tienes que decir. Pero si le presentas algo que desafía el etiquetado inmediato, despiertas su curiosidad. Le presentas un enigma que debe resolver. Le abres la puerta a una conversación interesante.

La mejor demostración es que cada vez que menciono en qué trabajo, termino dando consejos sobre Windows y antivirus. Las etiquetas no llevan a ningún lado.

Por supuesto, no espero que todo el mundo con quien hable sea un potencial cliente. Pero lo que si es verdad es que la absoluta mayoría de las personas con las que hablo, puede referirme a un cliente. Siempre y cuando despierte su interés.

En su artículo, Steve Pavlina recomienda un producto, Insider secrets to 15 Second Marketing, de Charlie Cook, el cual no puedo dejar de recomendar. Cook te lleva de la mano para crear esa línea, ese enigma que puedes presentarle a un interlocutor para disparar una conversación que te conducirá a una venta.

Pero 15 Second Marketing no se queda en el elevator pitch para buscar una referencia, sino que además, te enseña a crear un slogan que puedes usar para promocionarte, cerrar la venta con un potencial cliente, o simplemente lograr que la gente recuerde quién eres y qué es lo que haces. El titular que pongo como ejemplo en este otro artículo.

Así que estoy abandonando las etiquetas. En vez de «Desarrollador de software», o «Editor de una revista digital», estoy pensando en frases que puedan despertar una conversación más larga y llevarme a otros lugares:

  • Yo hago que las empresas puedan resolver sus problemas de activos fijos.
  • Yo hago que los escritores publiquen en la web.

(no te burles, apenas estoy empezando)

Si tus esfuerzos de mercadeo son tan pobres como los míos, échale una mirada a Insider secrets to 15 Second Marketing. Aunque detestes mercadearte, entenderás que hay formas de hacerlo en una conversación informal, sin que se note.